Era una mañana cualquiera, de un mes y un año que ahora son insignificantes. Siguendo mi rutina laboral llegué al mismo espacio donde te econtrabas. Ahí estabas tú, inmovil, con la mirada perdida en la pantalla de tu ordenador. Mi voz atrajo tu atención, y te volviste hacia mí, con esa mirada penetrante que intimida. Te quedaste viendome solo unos segundos, segundos que parecieron horas para mí; y cuando menos lo esperaba me hiciste aquella pregunta que aún da vueltas en mi cabeza; “¿te acuerdas de mí?”. En aquel momento quise pensar que estabas confundida, quería hacerme creer a mí misma que no era cierto lo que sucedía, que no habías regresado a mi vida, que solo eras un espejismo, pero no era así, eras tú, eras la misma persona que había conocido hace algún tiempo atrás, y que por motivos desconocidos había desaparecido de mi vida de manera inesperada. Entonces, todo comenzó, comenzó nuestra historia, sí, NUESTRA, porque aunque lo niegues fuiste protagonista. No me arrepiento de haber vivido todos esos capítulos, solo me hubiese gustado poder descubrir a tiempo que eras el lobo disfrazado de oveja intentando seducir a Caperucita. Lo lograste, ganaste el premio a mejor actuación en esta obra de teatro. Dolió perderte, aunque, después de pensarlo mejor, no creo que te haya perdido, porque no se pierde lo que nunca se tuvo. Y nunca te tuve completamente, solamente fuiste mía a medias; entonces comprendí que no debía dolerme, y te dejé ir.
Hoy, te veo en el mismo lugar donde te vi por primera vezaquella mañana cualquiera del mes y año insignificante, ya tu mirada no parece perdida en la pantalla del ordenador, ahora se pierde en mis ojos, me miras buscando alguna reacción en mí, pero ya no la hay, dejaste de dolerme, eres simplemente alguien más que está presente en esa habitación, así lo decidiste……
